Hexgill, como otros tiburones del bosque, esperaba a sus víctimas, escondiéndose en los árboles a lo largo de senderos muy transitados. Pero la vida de los tiburones de madera es simple e imprudente. Hexgill sabía que era capaz de hacer más. Al encontrarse en línea y tener la oportunidad de convertirse en mensajero, se dio cuenta de que había encontrado su vocación.